Transilvania, una región de miedo

Transilvania, se parece a Tasmania. Yo misma me he equivocado y los he confundido. Yo, que siempre he ido tan bien en Geografía y me sabía todos los nombres de las ciudades y capitales, sin equivocación alguna. No pasa nada y no es tan grave. Vamos a hablar de la ciudad de los vampiros y dejaremos a Tasmania en paz.

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Transilvania, en Rumanía, cualquiera habita en esos castillos tan negros y oscuros (Góticos y enmedio de montañas y niebla). Cualquiera espera en solitario la llamada imprevista de el “Drácula” (no hablo de ningún helado de esos). Sin seguir por el camino de la ficción, lo que sí que puedes visitar en esta ciudad más que encantada, encantadora. El Castillo de Bran, que nada tiene que ver con Drácula (no deja de ser un personaje literario creado por el irlandés Bram Stoker) y que actualmente es un museo. También está el Castillo de Poienari o el pueblecito de Arefu, adaptado a los turistas, los que son alojados por sus habitantes, los invitan a sentarse delante de una hoguera, entonar canciones populares y escuchar distintas historias que cuentan los de la ciudad.

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El gran destino turístico de Rumania es Brasov: En medio de montañas, fachadas barrocas, cafés bohemios y la bella plaza sfatuliu. Y cerca, las mejores pistas de esquí del país, en Poiana Brasov.

Por último, mencionar el Castillo del Drácula, tras un largo sendero en una carretera ascendente al final del Puerto. Es un hotel construido a principios de los 80, con 53 habitaciones y unas vistas espléndidas, situado en el lugar en que Stoker ubicó la fictícia residencia del personaje.

El edificio está perfectamente estudiado y adaptado a las películas de Drácula. Habitaciones muy pequeñas y eclécticas, muebles de madera, toallas con decoración temática, telefonos antiguos, mucho rojo sangre alrederor y dibujos de dragones. Llama la atención la habitación de Drácula: unas oscuras escaleras llevan al féretro del vampiro, a la luz de las velas. Al final del recorrido hay una sorpresa destinada a sobresaltar a los visitantes…

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El hotel también dispone de canchas de tenis, y está rodeado de diferentes rutas de excursionismo en que hay un par de autobuses diarios que lo conectan con pueblos cercanos.

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Esta ciudad en Rumania me hace pensar en fantasmas. Este viaje puede ser una buena manera de enfrentar esos fantasmas nuestros que se cuelan algunas veces por nuestras “ventanas”. Una forma de superarlos, primero conocerlos, darse cuenta de que solo son eso, fantasmas. En el mejor de los casos. Pero que siempre puedes superar, como los miedos en general. Hablar en público, dormir sin ninguna luz abierta, la pérdida de un ser muy querido, ansiedad, pensamientos intrusivos, entrar en el mundo laboral, empezar o dejar una carrera universitaria, ser actriz, etc. O el propio viaje a Transilvania. Con paciencia, confianza sobretodo en uno mismo. Y ya que estamos, evitando o mejorando la excesiva desconfianza.

Aún así, un buen lugar y diferente para divertirse.