Costa da Morte

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Nos desplazamos hasta la costa gallega, más concretamente hasta la Costa da Morte.

El geodestino Costa da Morte abarca los ayuntamientos de Cabana de Bergantiños, Camariñas, Carballo, Carnota, Cee, Coristanco, Corcubión, Dumbría, Fisterra, A Laracha, Laxe, Malpica de Bergantiños, Mazaricos, Muxía, Ponteceso, Vimianzo y Zas, pueblos con auténtico sabor marinero y muchas historias que contar.
La costa está salpicada de bellos paisajes como las playas de Trece, Reira, o Ariño (Camariñas), Lage, Traba y Soesto (Lage) Mar de Fora y O Rostro (Finisterre), los penedos de Pasarela y Traba, la Costa de Cabo Vilán y la costa que une Camelle con Traba.
Teniendo en cuenta que el nombre de esta comarca hace referencia a la cantidad de catástrofes marinas debido a la peligrosidad de sus acantilados y frecuentes temporales, es posible delimitarla entre el Malpica y el Cabo Finisterre.
Esta delimitación (Cabo Roncudo – Finisterre) la pusieron marinos ingleses hace más de dos siglos, considerando el arco finisterrano el tramo de costa más peligroso por la cantidad de bajos o lages que se escondían a pocos metros de la superficie alejados de la costa, las fuertes corrientes, temporales, repentinas cerrazones de niebla y múltiples naufragios.
Sus gentes fueron testigos de numerosos naufragios, especialmente en la costa que va desde Camelle hasta Camariñas, donde se hundieron más de 60 navíos en poco más de cien años, siendo el cabo Tosto (o punta do Boi) el punto más fatídico.
Dentro de lo que comprende su interés histórico, hay que destacar una fuerte tradición en torno a la piedra y su conformación en torno a una simbología pre-religiosa, como se puede comprobar en las leyendas del Monte de San Guillerme (en Finisterre), la pedra da serpe en Corme, la leyenda de la ciudad sumergida de Valverde en la Lagoa de Traba, o las Piedras de Muxía, supuesta fuente de curación.
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Uno de los hechos que nos muestra la fuerza de estas antiguas divinidades es su incorporación a la tradición religiosa cristiana en santuarios tan importantes como el Cristo de Finisterre o la Virgen de la Barca de Mugía. La piedra, para los primitivos, era símbolo de la invariabilidad, a diferencia de otros elementos de la naturaleza sujetos a cambios. Por tener esa propiedad, transciende de la precaria cualidad humana, que también está sometida a este proceso de cambio, muerte y desaparición.
El desastre del Prestige fue uno de los más recientes accidentes de esta costa. Un petrolero griego, el 13 de noviembre de 2002, se partió por la mitad a mar abierto y causó una de las catástrofes ecológicas más devastadora de Galicia.